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Noticias sobre Ávila

Las escaleras mecánicas

En Ávila, las escaleras mecánicas son un monumento tan absurdo como emblemático. Colocadas en una calle impracticable, solo funcionan en un sentido y acumulan teorías que van desde el error urbanístico hasta el arte contemporáneo.
Escaleras mecánicas de Ávila
Vecinos de Ávila hacen cola en pleno temporal para recoger oxígeno y caldo caliente en el improvisado puesto de Arte y Café, a mitad de la emblemática escalera mecánica.
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Aunque para el turista medio el monumento más representativo de la ciudad de Ávila es la muralla, lo cierto es que la capital de la provincia esconde todo un símbolo que solo es conocido por los autóctonos: las escaleras mecánicas.

No existen registros históricos que recojan con exactitud en qué momento ni en qué estado se decidió acometer una construcción así. El catedrático de la International Ávila University de Iowa, Mariano Hernández, cree que «intentaron copiar la famosa escalera a ninguna parte de Los Simpsons, pero les salió regulinchi.»

Para los no versados en la materia, las primeras escaleras mecánicas de la ciudad se pusieron en marcha con la excusa de la accesibilidad; sin embargo, el resultado no fue el esperado. «Yo creo que algo se habían tomado, porque el origen de las escaleras se estableció en un sitio cuanto menos cuestionable. La calle Dean Castor Robledo cuenta con unas aceras de apenas un metro de ancho y adoquinado que parece una tableta de Crunch por debajo. Cualquier persona en silla de ruedas, que use muletas, que lleve un carrito de bebé o uno de la compra, tiene que pasar toda una prueba del Grand Prix para llegar a las escaleras», afirma el profesor Hernández.

Lo que pretendía el Ayuntamiento sigue siendo todo un misterio hoy en día; de hecho, pocos aspectos de las escaleras mecánicas de Ávila escapan de lo excéntrico o de lo cuestionable, como nos indica el propio catedrático norteamericano.

Una accesibilidad más teórica que práctica

«Si ya es raro establecer unas escaleras accesibles en una calle que supone todo un desafío para el peatón medio, más extraño aún es su planteamiento.» En la universidad tenemos un equipo que se dedica en exclusiva a resolver por qué son peldaños y no una rampa. El personal responsable tenía que decidir si se decantaban por una pasarela lisa que permitiera que todo el mundo pudiera usarlas por comodidad, o bien, meter peldaños que condicionaran su uso. El resultado ya lo conocemos, pero los motivos siguen siendo una incógnita, incluso para ellos.»

Por si fuera poco, esta joya oculta de Ávila solo funciona en un sentido, es decir, si se sube no se puede bajar. Accesible, pero no mucho. ¿Error? ¿Borrachera? ¿Falta de presupuesto? Son muchas las preguntas que quedan en el aire alrededor de esta instalación.

«Resulta tan improbable que alguien en su sano juicio haya planteado algo así a propósito, que hay varias teorías de que es realidad sea algún tipo de expresión artística que incluso se le ha llegado a atribuir a Banksy.»

Soluciones creativas para un icono cuestionable

Ante tal situación, la Asociación de Abuelos y Abuelos que Paseas por el Rastro, le AAAPR, ha planteado al consistorio una serie de soluciones para que las icónicas escaleras sean realmente útiles.

Para empezar, plantean establecer un puesto de alquiler de sherpas que ayude a las personas con movilidad reducida a llegar hasta el otro extremo de las escaleras.

Además, reclaman la construcción de dos puntos de avituallamiento en el que se suministres bidones de oxígeno, torreznillos y un caldito para entrar en calor en los días de frío y que se llevarían a cabo con la ayuda de los bares Arte y Café y El Aire.

Y, por último, la idea más potente que plantea le AAAPR es el establecimiento de unas escaleras accesibles complementarias que ayuden a que las originales sea realmente accesibles. Recorrerían la calle Dean Castor, y subirían de forma paralela para facilitar que todo el mundo pueda sentir la accesibilidad de la ciudad.

Pero más allá de eso, ya son más de quince millones de turistas los que han visitado este monumento solo en el último año. Y como el propio profesor Mariano Hernández advierte «a la Torre Eiffel también se consideró un escupitajo en la cara de París porque los habitantes de la época no tuvieron la visión artística para valorar lo que esa construcción supuso para el mundo solo unos años venideros.» De momento en Ávila ya se cumple la primera parte.

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