1948 días sin ataques a la muralla · 25 pesetas · Edición Especial 

urbanismo

Ávila impone una geografía vertical donde las cuestas definen la identidad local y el físico de sus vecinos. Desde la mítica Mataburros hasta los adoquines de Vallespín, la orografía abulense forja una resistencia única que desafía a estudiantes, conductores noveles y visitantes por igual.
Retrasos de hasta diez años según se mire, vías numeradas que nadie ha visto jamás y un asistente de Adif con complejo de director de instituto. El tren Ávila-Madrid no es simplemente un servicio de transporte, es una institución, un fenómeno sociológico y, para muchos, una fuente inagotable de paciencia a prueba de bombas.
Ávila, tierra de campeones del pedal, ha levantado un carril bici que ni las bicicletas se atreven a pisar. Un misterio urbano que combina absurdismo arquitectónico, fenómenos paranormales y sospechas de origen extraterrestre.
En Ávila, las escaleras mecánicas son un monumento tan absurdo como emblemático. Colocadas en una calle impracticable, solo funcionan en un sentido y acumulan teorías que van desde el error urbanístico hasta el arte contemporáneo.
La llegada del AVE a Ávila continúa sin fecha definida más de dos décadas después de los primeros intentos institucionales. Documentos extraviados, cambios de criterio y una confusión con la migración de aves marcaron uno de los episodios más insólitos de la política local
Un estudio de la American Cheese University afirma que Ávila no existe. Su autor, Julius Church, asegura que es un holograma perfectamente programado donde nadie vive, las tiendas no quieren vender y las temperaturas impiden la vida. Todo indica que la ciudad es una ilusión con pinchos.
Un estudio del Virus Liars Institute alerta sobre una epidemia que afecta al 63% de los abulenses: la Intermitentis indigentiam, una dolencia que impide usar intermitentes y entender rotondas. La comunidad científica (y la barra de el Mangas) ya investigan el caso.
Hay heridas que no cierran: la llegada del AVE, el peaje a Madrid… y, sobre todo, la ausencia de un Zara. El rumor de su inminente apertura ha sido el opio del abulense medio durante décadas. Cada local en obras es, en potencia, la sede del sueño textil que nunca llega.