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Noticias sobre Ávila

La entrada al Dioce

Cada mañana, la ciudad de Ávila se colapsa por la entrada de los alumnos del colegio Diocesano. Todo un espectáculo natural que atrae cada año a turistas de todo el mundo.
Típico atasco matinal en una mañana cualquiera de Ávila
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National Geographic lleva años estudiando uno de los eventos naturales más sobrecogedores del planeta. La propia entidad lo sitúa a la altura de la migración de los ñus en el Serengeti. Hablamos, por supuesto, de la entrada de los niños al colegio Diocesano.

La época para presenciar este singular espectáculo va desde septiembre hasta junio. Durante esos meses, con las primeras luces del día, miles de padres y madres abulenses acompañan a sus retoños a la jornada escolar.

Desde el cielo se pueden observar las impresionantes estampas de un mar de mochilas con ruedas que avanza sin dilación desde las proximidades, pasando por encima de trabajadores, funcionarios y cualquier forma de vida que se cruce por su camino.

La bióloga Eileen Pintos afirma que «es imposible detener su camino; el centro escolar les atrae como el Anillo Único a Gollum. Quienes han intentado interponerse han perecido». No en vano, solo durante el último año han perdido la vida cinco guardias municipales, un vaso de nacionalidad murciana y dos empleados del Granier.

El desfile de coches matinal

Este fenómeno, que atrae la atención de turistas de todo el planeta, tiene un momento cumbre en el desfile de coches que se produce a través del arco del Rastro. En los días más claros dicen que se puede ver cómo la fila de vehículos alcanza la provincia de Toledo.

«Es una especie de McAuto de niños en el que los padres acceden por la plaza Pedro Dávila, dejan a las criaturas y salen por el otro extremo. Es un ejercicio armónico, ejecutado de forma inesperadamente sincronizada», señala Pintos. Mientras se produce la entrada al Dioce, todo vale. La ciudad pasa de ser «accesible» a «accesible, pero no mucho». Los coches aparcan sobre las aceras y las invaden para maniobrar en las estrechas calles de la zona; cruzar el arco se convierte en un cara o cruz y las columnas estudiantiles, a lo Moros y Cristianos, bloquean el paso.

Los intentos de peatonalización cayeron en saco roto. Tanto es así que solo la ruta diocesana quedó abierta al tráfico en los planes de la zona. La propia bióloga advierte de las terribles consecuencias de bloquear este paso natural para el ecosistema económico y social. «Es que no estamos hablando del colegio San Esteban o el Santísimo Rosario, es el Dioce… y el Dioce…».

Unas declaraciones que no han pasado desapercibidas para la ADAQUPPER (Asociación de Abuelos que Pasean por El Rastro), que ve cómo sus rutinas se ven afectadas «ya de buena mañana». Además, este colectivo señala que no entiende la necesidad de «elegir un colegio en el quinto pino, para luego tener que llevar a los nenes hasta la puerta».

La vuelta a casa

Lo que pocos observadores han documentado hasta la fecha es el comportamiento que los expertos denominan «el retorno vespertino». Si la entrada matinal es épica, la salida a las dos de la tarde desafía cualquier modelo matemático de tráfico conocido. La bióloga Pintos lo describe como «una estampida paterno-infantil por las calles del centro de Ávila».

«Los niños salen del centro como si les hubieran estado torturando durante toda la mañana. Cuando ven a sus padres y madres es como si les hubiera tocado la Primitiva, corren descontrolados hacia ellos en trayectorias que ningún sistema de radar civil es capaz de predecir». Solo durante el último trimestre, el índice de colisiones entre menores y viandantes se ha disparado un cuatrocientos por ciento, según datos de la propia investigadora, que reconoce haberlos calculado «a ojo, pero con mucha convicción».

El retorno vespertino tiene, además, una variante temida incluso por los veteranos: el viernes. «El viernes la salida es distinta», advierte Pintos con un tono que sugiere que ha visto cosas que no puede olvidar. «Los niños salen más rápido. Los padres también. Nadie sabe muy bien por qué, porque ninguno tiene planes concretos, pero todos actúan como si el helicóptero despegara en tres minutos». Los datos de la DGT confirman que los viernes entre las 14:00 y las 14:20 horas se registra en el entorno del Dioce una densidad de maniobras de estacionamiento solo comparable, a escala global, con la salida de un partido del Calderón en 1994.

La investigadora termina su informe con una reflexión que ha dado mucho que hablar en los círculos académicos: «Llevamos años intentando entender este fenómeno desde fuera. Quizá la única forma de comprenderlo de verdad sea tener un hijo, matricularlo en el Dioce y aparcar en doble fila durante doce años. Es un sacrificio científico considerable, pero alguien tiene que hacerlo».

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