El recorrido a través de las aventuras de Sherlock Holmes y el Doctor Watson me llevó hace unos meses hasta “El sabueso de los Baskerville”.   Un libro que me ha vuelto a despertar el ya de por si exaltado gusto personal por lo inglés.

De todas las leídas hasta ahora, es con diferencia mi favorita.  Tiene todo lo que uno espera de las novelas de este detective: Asesinatos misteriosos, niebla, un mayordomo sospechoso y una cuantiosa herencia.  Ingredientes muy apetitosos para elaborar una gran receta, como así resulta.

Una misteriosa maldición familiar

Nos trasladamos de nuevo a Londres, donde un joven heredero solicita la ayuda del ilustre detective.  En esta ocasión se encuentran ante un inusual caso, donde una familia acaudalada ha venido sufriendo durante generaciones asesinatos y que han acabado por convertirse en maldición.  El último, el tío de este que muere ante la aparición de un enorme perro de caza del que solo existen rumores.

Será el médico John Watson quien pondrá rumbo al actual parque natural de Dartmoor, en el condado de Devon, para estudiar in situ el problema.  Allí se encuentran los lúgubres y húmedos páramos ingleses.  Lugares sombríos repletos de leyendas.

Tomará contacto con una enorme casa de campo, colmada de habitantes con mimbres suficientes como para ser considerados sospechosos.  Se enfrentarán a uno de los casos más difíciles de cuantos escribió Conan Doyle.

El final, como siempre en sus novelas, asombroso a la par que predecible.  La magia de este autor escocés logra que al finalizar nos demos cuenta de que la resolución la hemos tenido delante de nosotros durante todo el libro.   Un bonito juego que nos propone en cada una de sus obras.