Náufragas, pichones y astillas

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Como hombre abulense estándar, me gustaría elevar una queja a las más altas autoridades de esta nuestra ciudad. Porque en Ávila se lleva cometiendo un severo atentado contra la supervivencia del ciudadano medio de género masculino desde hace décadas. Un hecho solo superado por la perenne ausencia de un Zara que ha convertido la peregrinación de las familias a Madrid en una tradición. Por eso hoy me alzo como adalid de los más desfavorecidos, para denunciar una obviedad, un castigo que nos azota cual Murallito sobre los adoquines: En nuestra capital ligamos menos que Carmen de Mairena en una convención de skin-heads.

De todos los posibles centros de formación, negocios e iniciativas existentes en este mundo de Dios, alguien tuvo la brillante idea de montar una Escuela de Policía en Ávila ¿Pero en qué adoquines estaban pensando? Tenían la opción de haber atraído algún centro de animadoras americanas, con sus falditas, sus coletas… ¡Pero no! Cada año nos meten a un millar de bicharracos, modelo dos por dos y con unos brazos de estibador noruego que pululan por nuestras calles con total impunidad. Cada fin de semana, las distintas especies de animales autóctonos tienen que convivir con estos extraños visitantes.

Fauna Ibérica (Abulense)

Nos situamos en un sábado cualquiera, en el centro de la inhóspita meseta española. Allí está ese adolescente raquítico, que porta con orgullo su incipiente bigotillo frente al espejo, antes de lanzarse a la selva nocturna. El pobre pichón se cita con sus congéneres, de semejante porte y todos despliegan grandes dosis de entusiasmo y acné, cuando ven el simpar desfile de alegres chiquillas frente a sus ojos.

Pichón: Del latín pringadus puvertantis. Relativo al joven postadolescente de figura endeble y carácter ingenuo, con tendencia a la tontuna.

Aquel grupo se muestra ensimismado ante tal exhibición y pastan alegremente por la amplia sabana que emerge cada fin de semana en nuestra ciudad. Su modus operandi aun abocado al fracaso, se repite una y otra vez, con la esperanza de lograr acercarse a una de esas hembras que juguetean ante su atenta mirada al otro lado de la barra. Nuestro intrépido protagonista, se aproxima a su amada pleno de moral, realizando un movimiento que tan solo él imagina atractivo.

Se desplaza majestuoso, realizando un extraño bamboleo de piernas que combina con frecuentes giros hacia su manada, la cual le devuelve vítores y sonidos pastoriles de ánimo. El pichón se siente poderoso, seductor, atractivo….E incluso viéndose tan metrosexual como es, se regala una subida de cuello que le confiere un aspecto de castigador. Este ejemplar abulense tiene
ante todo una infinita fe en sí mismo (o más moral que el Real Ávila) y remata su jugada realizando lo que yo he bautizado como «la mirada cegadora». Lo de cegadora, es por este extraño gesto de entrecerrar los ojos, que le hace parecer deslumbrado o bien como si acabara de saborear un estupendo limón.

Las chicas entre tanto observan con estupor, como ese elemento se acerca a ellas con cara extraña entre la bruma. Sin embargo aquel pobre pichón débil e incauto, no sospecha que en la calmada oscuridad su mayor depredador espera pacientemente a que llegue el momento. Porque cuando más cerca está de su objetivo, una imponente figura irrumpe en escena, doblando la masa corporal de nuestro protagonista. Este en un rápido y astuto movimiento, atrapa a su presa alejándola del incauto aprendiz con apenas un gesto.

¡Y no hay derecho! Un antiguo miembro de la Asociación de Jóvenes Abulenses contra la Escuela de Policía ha manifestado para este libro que «Ahora adiestro a mi canario para que me diga en qué estoy pensando y que le duela la cabeza cada sábado». Y es que en los últimos años, miles de adolescentes abulenses han tenido que emigrar fuera de Ávila, para buscar un futuro mejor en materia social. Un auténtico drama que padecen semana tras semana ante la indiferencia de todos nosotros.

Y tú, mujer que estás leyendo este blog ¿Por qué no adoptas un pichón? No los abandones, ellos nunca lo harían…De hecho los tendrías pegados a ti día y noche.

La cúspide de la cadena: Los astillas

A estos estudiantes de la academia, a los que popularmente se les conoce como astillas (por aquello de que van para maderos), se les diferencia con suma facilidad. En primer lugar, portan un outfit tipo win-zip, es decir compresión máxima en el mínimo espacio… Lo que se dice ir envasados al vació, para mostrar toda la exuberancia de sus plumajes. El abulense común estas cosas no las hace, somos más de forro polar, pantalones anchos y en las ocasiones muy muy especiales incluso nos ponemos camisa debajo del jersey (Véase salir de pinchos, salir de cañas o salir de bares).

Astilla: Del latín policius precocis. Referente al aspirante a policía que estudia en la academia de Ávila.Nota: Suelen tener acento canario o andaluz.

Su hábitat común es el gimnasio, el lugar perfecto para verlos correr en libertad. Sin duda uno de los mayores espectáculos de la naturaleza. Para empezar es proporcional el tiempo que pasan en la sala de pesas, como en el vestuario. Es tan espectacular su manejo de los aparatos de ejercicio como del peine. Bueno del peine, de la gomina, de la crema facial, de la crema reductora y cien mil productos cosméticos más.

Todo esto se desarrolla ante la atenta mirada de la fauna autóctona que observa con asombro ese despliegue de medios tan alejado de sus costumbres. Para un abulense común, ser metrosexual es usar el secador después de la ducha ¡Todolo demás sobra!

Pero si sorprendente es su comportamiento en los vestuarios, no le va a la zaga el que muestran al ponerse en acción. Mientras que el homo abulensis llega, hace sus ejercicios y se va, ellos no.

Ellos están hechos de otra pasta. Para realizar cualquier ejercicio, tienen que seguir este patrón de actuación:

  1. Hacer estiramientos previos, dejando entrever sus dotes físicas.
  2. Hacer un gemido ensordecedor con cada levantamiento de pesas
  3. Observar con lascivia cada uno de sus movimientos en el espejo.
  4. Soltar las pesas en el suelo haciendo el mayor ruidoposible.

Todo esto tiene un único objetivo: Llamar la atención de «Las náufragas».

Otras protagonistas: Las náufragas

Náufraga: Del latín abulensis naufragatis. Dícese de la mujer oriunda de Ávila, cuyo objetivo vital es seguir el rastro de las astillas y/o maderos, hasta conseguir agarrarse a uno.

Hablamos de uno de los personajes más inquietantes de la noche abulense. Pueden actuar solas, aunque lo más común es verlas en grupos reducidos de no más de tres
personas. Ellas conocen los bares, los días, las fiestas y las horas en los que los aspirantes a policías estarán activos. Suelen tener un piso franco, donde ocupan paredes enteras con gráficos de seguimiento para que no se les escape ningún hito.

Llegado el jueves, se lanzan a la calle con sofisticados equipos de medición que guardan en sus bolsos, hasta que dan con algún banco de astillas. Es allí donde despliegan sus tan reconocidas fuerzas: Alto ritmo de conversación (también denominado cacareo), baile incesante y risas escandalosas. Una vez enganchan a una víctima, pasarán a su estado lapa y no se separarán de su objetivo hasta que finalice el curso.

Para ellas los pichones sencillamente no existen y si alguno consigue romper esa barrera, se forma una relación de simbiosis donde ambas especies salen beneficiadas.

La naufraga suele tener copas gratis y el ego alto, mientras que el segundo sujeto disfruta de su compañía.

Cuando llega el verano ellas se marchitan, no se sabe a ciencia cierta dónde van. Hay postulados, como el del Narrillos Trinity College que lanzan teorías como la posibilidad de que las náufragas se refugian en cuevas hasta que llega la siguiente promoción e incluso que son ellas mismas las que viajan por España, tratando de captar nuevos alumnos en ferias y congresos.
Mientras tanto, las astillas abandonan Ávila para dejar libres a los pichones que vuelven a salir plenos de esperanza, en busca de sus amadas. Es el ciclo de la vida nocturna abulense, bonito a su manera.

A veces escribo cosas y a veces leo. Mitad de Valencia , mitad de Ávila y cuando se puede de Londres. He publicado La edad de Acuario, El Misterio de Ana Bolena y Conspiración en Londres, además de colaborar en las dos entregas de El mundo según los abulenses y Leyendas según los abulenses. Cofundé la Asociación de Novelistas “La sombra del Ciprés”. Ingeniero Informático especializado en Marketing. Valencia CF, Football Manager, MClan, Jarabe de Palo y Bunbury.

Puedes saber más sobre mí y descargar mis novelas, visitando www.laedaddeacuario.com

También uso Twitter @Laedaddeacuario

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