Ir al gimnasio en Ávila

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La prestigiosa revista norteamericana “Abulensis Health”, ha publicado un especial sobre la aventura de los abulenses a la hora de enfrentarse a uno de sus retos más grandes: Ir al gimnasio.

Entre sus líneas podemos encontrar algunos testimonios y teorías muy interesantes. Para empezar, los ciudadanos de Ávila pueden acogerse a los siguientes motivos para apuntarse a un gimnasio:

  • Por conocer gente.
  • Por ponerse en forma.
  • Para aprobar alguna oposición.
  • Por no sentirse tan mal por irse después de cañas.
  • Para hacerse fotos en el vestuario y subirlas a Instagram.
  • Para no aguantar a su pareja.
  • Para no asesinar a su jefe.
  • Para no invadir Segovia.

El periodista neoyorquino Teodoro Blázquez afirma que el deportivo es un ambiente hostil para el abulense medio. Esto se ve reflejado según él, desde el momento en el que acceden a las instalaciones del gimnasio. ”A los nuevo se los detecta rápido. Las máquinas y las pesas les son tan ajenas como el éxito a Lopetegui. “Antes de añadir que “Incluso saludan al entrar en el vestuario. Luego se dan cuenta que cobran por ello y dejan de hacerlo.”

“¿Por qué no saludan al entrar en el vestuario?”-Se pregunta visiblemente molesto ante nuestros micrófonos Blázquez. No en vano, según los datos que maneja solo 2 de cada 20 usuarios saludan al entrar o al irse y solo 1 de cada 35 lo hace cuando no hay conocidos dentro. Incluso el programa Cuarto Milenio ha estado in situ en varios gimnasios de la ciudad sin encontrar respuesta alguna.

Pero la incomodidad de los novatos se aprecia a la perfección la primera vez que un monitor les dice aquello de “¿Has pensado en apuntarte a alguna clase colectiva?” El abulense es un ser frío, asocial y …asíncrono. Esto quiere decir que moverse al compás de la música a las primeras de cambio y delante de un montón de gente es una utopía. “Un abulense no sigue el ritmo ni en los conciertos y si baila, no es abulense, tendrá sangre segoviana, pero abulense puro no es.”

Uno de los entrevistados en el reportaje, Joseph McDonalds (Cardeñosa, 1943), plantea una situación habitual a la que se enfrentan:

“Imaginémonos en una clase colectiva y metámonos en la piel de un hombre que jamás ha salido de las verbenas de San Antonio. Allí está él, solo ante el peligro. Temeroso de un escenario que le es extraño. Hay gente, mucha gente, demasiada para él. Todos visten raros atuendos y nadie lleva copas de la mano.

Entonces la música comienza a sonar y una monitora le insta con voz enérgica a mover su cuerpo. El intrépido principiante, se lanza a imitar sus movimientos con todo su empeño abulense, pero él no está hecho para ello. Mientras que toda la clase va para la izquierda, nuestro amigo va a la derecha. Cuando todos saltan, él se cae al suelo. Cuando giran, él se sienta…y cuando mira el reloj, solo han pasado quince minutos”.

La adaptación a este medio es difícil, más si tenemos en cuenta las expectativas con las que los abulenses firman su matrícula en el gimnasio. Para alguien de esta región, una semana es tiempo más que suficiente como para tener sus abdominales remarcadas cual Ronaldo (El portugués, el que roba a hacienda), pero acaba como el otro Ronaldo (El brasileño, el que roba en Dunkin Donuts).

La adicción

Sin embargo, el artículo de “Abulensis Health” afirma que, pese a las dificultades, muchos abulenses logran asentarse en estas instalaciones deportivas. Pero esto lejos de ser positivo ha derivado en la ruptura de centenares de miles de familias de la provincia de Ávila por culpa de la adicción al gimnasio. Maruja Carrasco, presidenta de la Asociación de Familias Afectadas por el Spinning (La AFAS) señala cariacontecida que “El deporte ha destrozado a millones de núcleos familiares solo en la comarca del Valle Amblés, porque sus miembros piensan más en las bicicletas de los cojones que en sus familias”.

Hace algunos años la Oficina contra las drogas de las Naciones Unidas, hizo pública una lista en la que se señalaba al deporte del spinning, junto con el pádel como una de las sustancias más adictivas del panorama regional abulense. “Es una maldita catástrofe, hay pistas de pádel hasta en los patios de vecinos. Todo esto era campo antes.”-Añadió Maruja desolada frente a una de las múltiples canchas de este deporte que han arruinado los descampados abulenses. Esta mujer, según se puede leer en el reportaje, perdió a su marido y sus dos hijas en una Master Class de spinning. “Salieron una mañana y cuando volvieron estaban atontados moviendo las piernas sin parar. Ahora los tengo a los tres al lado del sifonier pensando que están en el tour de Francia día y noche. Pero bueno, les he conectado a una dinamo y ya no pagamos luz.”

La fauna social en los gimnasios de Avila

La fauna social en los gimnasios de Ávila es muy variada y en pocos días cada uno se ubica dentro de una de estas tribus deportivas. Podemos diferenciar los siguientes grupos:

  • Padelianos: Dícese de los que viven por y para el pádel. Lo de pagar por el gimnasio al completo es un daño colateral.
  • Spinidianos: Probaron otras cosas, incluso pilates, pero el día que cayeron sobre la bici no lograron desengancharse jamás.
  • Residentes: Pasan más horas en el gimnasio que los mismos monitores. Vayas cuando vayas están allí. Los hay de dos tipos, los que solo hablan y los que solo hacen deporte.
  • Orgásmicos: Puedes encontrarles a través de los sonidos de placer que emiten cuando levantan o sueltan pesas. No te engañes, no suelen ser cariñosos y al día siguiente se van sin despedirse.
  • Modelos: Lo de ir al gimnasio es coyuntural. Valdría con ir a una sala con espejos donde puedan mantenerse atónitos ante su escultural figura…o eso dicen ellos.
  • Motivados: El deporte es su segundo nombre y mientras que el resto del grupo está hundido en la miseria más absoluta, siguen moviendo pesas con todo vigor.
  • Cansados: Siempre se quejan, siempre es un mal momento, siempre ha sido la sesión de deporte más dura a la que se han enfrentado. Viven en un bucle infinito del que no pueden salir.
  • Hiperconectados: Fácilmente reconocibles porque van constantemente pegados a sus teléfonos móviles. Levantan pesas con una sola mano mientras que con la otra hablan por whatsapp.
  • Solitarios: No hablan con nadie. Pasan por el gimnasio como almas solitarias, anhelosas tal vez de un pasado mejor, o por qué no, anunciando un apocalipsis inminente.

Anexo I: La gente que se afeita en el gimnasio

No todo es un análisis blanco en el reportaje de “Abulensis Health”. Teodoro Blázquez carga duramente contra un grupo de usuarios habitual en los gimnasios a los que califica de “fuera de la ley, por no llamarlos directamente putos cerdos”. Son esos hombres que entienden el vestuario como su propio cuarto de baño y no tienen reparos en utilizarlo como tal. Según Blázquez “el único motivo que hemos encontrado se sostiene en la optimización de recursos por parte de algunos abulenses, es decir por su racanería. Ya que pagan la cuota, quieren ahorrar lo máximo posible de sus facturas de agua”. Su manera de actuar es evidente e inmutable. Una vez que realizan sus ejercicios (Entre 10 y 15 minutos, porque eso es lo de menos), sacan sus juegos de navajas, la espuma de afeitar, la silla de barbero, el mandil y demás enseres, para alcanzar un rasurado impecable. Y como entienden que han de ser generosos, dotan a las instalaciones del gimnasio de una suerte de pelillos que se acumulan por doquier, haciendo las delicias del resto de usuarios. “No lo hacen a mal”-Señala Blázquez-“simplemente son unos guarros y sus madres ya no están para darles dos guantazos”.

Anexo II: Los aspirantes a policías

En este blog ya estudiamos con esmero el impacto de los aspirantes a policía en la sociedad abulense, pero tienen su propio espacio en el estudio que hoy nos toca. La horda policial suele invadir Ávila de septiembre a junio, quintuplicando el tráfico en los principales centros deportivos de nuestra capital.

Descubre el artículo sobre la escuela de policía y sus efectos en la sociedad abulenses pinchando aquí

En esas fechas las nuevas parejas “abulense mujer – abulense hombre”, bajan a la irrisoria cifra del 5%. Jose Joaquín Azarías, líder del grupo “Abulenses solteros contra el hostigamiento policial” ha logrado obtener más de doscientas mil firmas para que la academia sea sustituida por una “Escuela internacional de gastronomía calórica”, con el objetivo de mantener viva la raza abulense pura en 2050.

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A veces escribo cosas y a veces leo. Mitad de Valencia , mitad de Ávila y cuando se puede de Londres. He publicado La edad de Acuario, El Misterio de Ana Bolena y Conspiración en Londres, además de colaborar en las dos entregas de El mundo según los abulenses y Leyendas según los abulenses. Cofundé la Asociación de Novelistas «La sombra del Ciprés». Ingeniero Informático especializado en Marketing. Valencia CF, Football Manager, MClan, Jarabe de Palo y Bunbury.

Puedes saber más sobre mí y descargar mis novelas, visitando www.laedaddeacuario.com

También uso Twitter @Laedaddeacuario

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