Después de desvelar los orígenes abulenses de Donald Trump, Francisca, una octogenaria vecina de Pradosegar, lo ha vuelto hacer. Armándose de valor ha desvelado el que sin duda es el mayor secreto de su vida y que ha tenido un valor trascendental en la historia musical reciente de nuestro país. Ella que dice haber sido la letrista de Emilio Aragón, lo califica como el mayor profeta del siglo XX, ya que predijo algunos de los sucesos socioeconómicos más importantes de las últimas décadas. En la música lo posiciona a la altura de grandes como Sabina, Serrat o Dantés. Al recibir su llamada, un equipo del Gloucester Post se desplazó a la pequeña población a los pies de la Serrota para recoger su testimonio frente a un plato de patatas revolconas y unos botellines.

Pregunta: Francisca ¿Cómo fue trabajar con Emilio?

Respuesta: Emilio es un caballero, un artista como la copa de un pino que ha sido olvidado gracias a los lobbys judeomasones y al que sin embargo debemos mucho. Para mí Emilio lo fue todo, un ejemplo, mi asidero en los malos momentos. Lo que ha aportado ese hombre a la sociedad no lo conocemos más que unos pocos. Entonces, estuviere yo el otro día persiguiendo perros por el pueblo y me dije que esto había que contarlo.

Pregunta: ¿Qué tiene que contarnos?

Respuesta: Algo que se tenía que saber ya desde hace mucho tiempo. Emilio ha estado prediciendo uno tras otro los acontecimientos que han venido sucediendo en este mundo desde los años noventa. Yo que he sido la letrista de todos sus álbumes lo he visto en primera persona. Cuando estábamos sentados en el prado, yo veía así de soslayo como ponía esos ojos de cochinillo y se transportaba a otro mundo, se marchaba de allí. La gente se pregunta por qué llevaba siempre zapatillas con traje, pues ya tienen ustedes la respuesta. Él alcanzaba el nirvana inspiracional cuando se lanzaba al monte de Pradosegar. Se me fue varias veces por el barranco por inconsciente y me venía siempre con cardenales, asiqué le regalé unas Paredes que no se quitó jamás. Se pasaba horas y horas mirando el arroyo hasta que se volvía y me decía “Francisca, he tenido una revelación”.

P: ¿Y qué mensajes esconden esas letras?

R: Él siempre ha sido un hombre muy polifacético y cuando nos poníamos a componer le salía de todo. Algunas veces me tocaba cascarle por las tonterías que soltaba, pero cuando sacaba aquellos ojos yo solo podía callarme y escribir, me dejaba embelesada. En sus canciones ya predijo cosas como el Brexit, las guerras bacteriológicas, Tinder o el estrés. Todas, todas, se han ido cumpliendo, aunque yo inicialmente pensaba que estaba chalado. Pero de casta le viene al galgo porque ya sabemos que su padre nos advirtió del ascenso del orgullo homosexual, de la explotación laboral o del abuso de los animales para fines alimenticios.

P: ¿Nos está diciendo que ya Miliki predecía cosas?

R: Claramente la “Gallina turuleca” hablaba de la explotación de las aves para el consumo humano, a la que no solo la exigen que ponga diez huevos diarios, sino que además la pobre está todita desplumada porque pasa mucha hambre. Igual que avanzó el trabajo precario junto con Rita Irasema mientras cantaban eso de “Estamos los dos reventaos, de tanto que hemos trabajao” inculcándoselo a una generación que se ha comido dos crisis laborales y su futuro era ser milerustas. Todo se fue cumpliendo y claro, Emilio que notaba cosas en su fuero interno, pues un día empezó a sacarlo con toda su furia y a mí se me levantaban los calores.

P: Entonces ¿qué avanzó Emilio Aragón?

R: Pues para empezar con la más conocida, porque a él le parecía muy importante que el mundo lo supiera, quiso advertir de las guerras bacteriológicas. Él dejaba de mirar al arroyo, se giraba y me decía “Francisca, va a llegar el fin del mundo pero la humanidad no está preparada para saberlo”. Entonces se nos ocurrió encubrir el mensaje y creamos “Te huelen los pies”.

P: ¿No quiere decir que la mítica canción “Te huelen los pies” habla de bombas químicas?

R: ¿Cómo? ¿Y de qué va a hablar si no? ¿De un tío guarro que no se lava? Lo contaba de manera muy sutil para que solo las mentes privilegiadas pudieran advertir lo que se nos venía encima. Intercalamos frases directas e inequívocas para trasladar el mensaje más allá del símil que era el tema. “Yo sentía que algo no era normal, no se podía casi ni respirar”, “Es como un aire irrespirable que te atrapa sin querer” o “no va más, se acabó, el problema no tiene solución”. Hablaba de los planes de las grandes potencias de atacarnos con virus y agentes nocivos, pero nadie nos hizo caso. Un día haciendo la matanza con Zapatero se lo expliqué diecisiete veces, una detrás de otra, pero al final se me quedó mirando muy fijamente y se puso a ulular.

P: Con lo cual, todas las letras escondían algo a pesar de parecer simples…

R: Que nadie se engañe, no eran temas tan absurdos como parece. Todo era un entramado de letras muy bien puestas, una detrás de otra, para lanzar un mensaje a la sociedad. Ya habló del Brexit a finales de los noventa, con un tema bilingüe al que titulamos “Hey Mr.Waiter (Ey señor camarero.)” aprovechando que estaba haciendo yo la Escuela de Idiomas en el Jorge Santayana. La canción habla del drama de un muchacho español que se va a Londres a trabajar y está a punto morir de inanición al chocar con el antieuropeísmo de los ingleses que se niegan a alimentarlo porque no lo entienden. Es un grito constante al odio racial que se iba a generar veinte años después.

P: ¿Sufría mucho con Emilio?

R: Claro hija mía, claro. Es un hombre tan comprometido con la sociedad, tan luchador, que resulta inevitable sentirse vinculada a sus pesares. Yo trataba de evadirme con mis cosas, con el huerto, con el punto cruz, pero cuando Emilio entraba en el corral y me decía “Francisca, tira pal arroyo” yo ya sabía que él estaba sufriendo. Pero Emilio también se dejaba influir con el ambiente del pueblo, por ejemplo, en el bar cogió mucha inspiración. Dedicó un tema al alcoholismo, “Cubatita de ron”, donde el protagonista desoye a su médico y las amenazas de su jefe, cayendo en una espiral de vicio. Tuvo que convivir muchas horas con los borrachos del pueblo, incluso se pasó dos semanas bebiendo para vivir en primera persona la situación. Al final creó un temazo con el que ganó tres Grammys.

P: Pero su obra se limitó a un disco…

R: Porque hubo amenazas. La industria de las operaciones estéticas mandaba sicarios de vez en cuando a Pradosegar a buscarlo porque “Cuidado con Paloma” hizo mucho daño a las clínicas. Luego empezó a llamar gente extraña, gente que respiraba al otro lado del teléfono. Yo lo cogía y preguntaba “¿Aznar, eres tú?”, pero siempre colgaban. Más tarde se puso más serio, porque al pueblo comenzaron a venir miembros de la CIA que lanzaban amenazas veladas, como no pagar rondas, o no saludar cuando nos cruzábamos con ellos. Asique Emilio ante tanta presión abandonó su carrera musical. Luego se vendió al dinero y empezó a hacer pamplinas como El gran juego de La Oca o Médico de familia.

P: ¿Y nunca más lo volvió a ver?

R: Nos encontramos por última vez en Nueva York. Por aquel entonces yo era una cupletista que bailaba jotas en un teatro del Westend y un día acudió a verme a una función. Acababa de fracasar con “Javier ya no vive solo” y se conoce que quería recordar tiempos mejores. Entró a mi camerino con un ramo de flores y se me puso a llorar como una Magdalena, diciéndome que si echaba mucho Pradosegar, que si cantásemos, que si se había arruinado…Y claro, yo le contesté esa frase que luego me robó Hollywood. Lo miré fijamente a los ojos y le dije “Francamente querido, me importa un bledo”.

En la actualidad Francisca regenta un complejo hotelero en Pasadena (California), lugar que alterna como residencia junto con Pradosegar. Ha participado de manera activa en las gestiones políticas de Donald Trump y ha ganado el trofeo de tute de su pueblo en varias ocasiones. Mientras tanto Emilio Aragón continúa en paradero desconocido.