El factor frío

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Arco del grande nevado en Ávila - César Díez Serrano

Desde la antigüedad, los abulenses han desarrollado un gen que les permite adaptarse a los climas más extremos, marcando la actividad de su día a día para poder sobrevivir sea frío o calor. En este artículo repasamos como estas rudas gentes, consiguen superar las duras condiciones de su entorno y la procedencia de esta extraña marca en el ADN.

El frío en la historia de Ávila

El abulense común ha desarrollado desde hace siglos, una marcada simbiosis con uno de los agentes más característicos de su entorno: El frío. Esta relación le acompaña allá donde vaya y la muestra con orgullo por encima de Santas, yemas, pinchos y demás.

Este clima ha marcado la actividad de su día a día desde tiempos inmemoriables. Ya en la época de Isabel de Castilla, las madres despedían a los bravos caballeros al grito de “Raimundo tápate el cuello que esa cota de malla no abriga nada”. Según el Centro de Investigaciones Sociológicas del Barrio de San Esteban, el ejército abulense “era reconocido por llevar bufanda por encima de la armaduras”. En algunas ocasiones eran ridiculizados por los enemigos ¡Pero oye! ¡Ninguno se ponía enfermo! Se habla de que un invierno, todo un ejército acabó rendido por el efecto de los resfriados. Incluso hay escritos afirmando que la Señora Pacheco, progenitora de uno de los capitanes, fue la primera que pronunció la frase “Ya te lo dije yo, si es que no haces caso a tu madre”.

Simulación de Jimena Blázquez saliendo de la Puerta del Alcazar

Nuestro equipo de investigación ha descubierto que en realidad Jimena Blázquez detuvo la invasión mora de un modo bastante alejado de la leyenda. Los datos encontrados apuntan a que ella convocó a todas las mujeres con descendencia y comenzaron a gritar desde las almenas “¡Abrigaros que vais a coger frío!”. Pasadas varias horas, todos los invasores se pillaron una pulmonía. Esto creetelo porque es verídico.

Todo esto de Jimena está muy bien pero…¿Conoces la loca historia de la ciudad de Ávila? Aquí te la contamos.

Una manera de curtirse como persona

Y es que en Ávila cuando hace frío, lo hace de verdad. De modo que a lo largo de la historia los habitantes de esta ciudad, han tenido que adaptar las costumbres nacionales a su situación meteorológica. Para ejemplo tenemos el botellón que mientras que para el resto de España es una aberración contra el hígado de millones de jóvenes, entre murallas se transforma en una lucha por la supervivencia. Realmente cuesta encontrar un motivo para que la gente se ponga a beber a menos cinco grados a orillas de un río.

Sin embargo, en Ávila la gente no hace botellón por vicio sino por superación. Forma parte de un proceso de interiorización del frío que según pasan los años se va arraigando más y más en la personalidad. Lo fácil sería tomar caldo caliente y no usar hielo, pero eso no va con la cultura abulense ¡Las abulenses van con minifalda en pleno invierno y se sientan en los bancos helados!

 

Foto del Mercado Grande de Ávila en Junio
La típica estampa de un día cualquiera de Junio en Ávila

 

El caso de los marines americanos en Ávila

Ya en el año 2001, los marines americanos estuvieron haciendo maniobras en El Soto, después de que el mismísimo George Bush recomendara esta tierra para sus entrenamientos. Finalmente tuvieron que marcharse Finlandia por la crudeza del invierno. Bueno, tal vez esté exagerando un poco pero esta es otra de las bases fundamentales de este factor: La exageración.

Pongamos el caso de que uno de esos militares es de Ávila y se va a Escandinavia en pleno diciembre. Imaginémonos también que coincide que las temperaturas están por debajo de los veinte grados bajo cero, hay ventisca y se han estropeado todas las calefacciones del país. Pues bien, la situación podría ser la siguiente:

—Bob: Oh Mike, creo que estoy perdiendo la sensibilidad en los dedos. Seguid sin mí, solo te pido que digas a Mary y al pequeño Timothy que los quiero mucho.

—Mike: Vamos Bob, no te dejaré en este infierno helado. Pronto estaremos juntos en Alabama asando malvaviscos y alejados de este frío.

—Teodoro: ¡Dices tú de frío! No tienes ni idea de lo que es el frío. Esto comparado con lo que hace en Ávila es una brisita mediterránea.

Y es que para el abulense no puede hacer nunca más frío que en su tierra, ya sea en Siberia o en el mismísimo Polo Norte. Puede que se esté muriendo de hipotermia o que la nieve le llegue hasta las orejas ¡Jamás lo reconocerá!

Ávila en verano
La típica calle con bolardos de seguridad antiestampamientos para coches…o no.

El factor frío aumenta con la edad

El factor como digo va aumentando con los años. Esto me ayuda a llegar a ese grupo social que bien podría llevar los partes meteorológicos de todos los telediarios de España: Las personas mayores. Esta gente tiene una capacidad infinita de predecir el tiempo… bueno o quizá no. Pero hacen uso de un conjunto de frases y expresiones que les dotan de gran sabiduría. A saber:

—Según viene el viento va a nevar.

—Según está el cielo va a nevar.

—Según me duelen los huesos va a nevar.

—Según como habla Pedro Piqueras hoy va a nevar.

—Según han expulsado a ese de Gran Hermano va a nevar.

Se convierten en auténticas estaciones meteorológicas móviles y no desperdician ninguna oportunidad de ponerlo en práctica. Del mismo modo expresan su melancolía al ver el triste panorama actual en el que nos encontramos. El cambio climático ha hecho mella y para ellos supone un duro golpe en su memoria. Por eso cuando uno conversa con este tipo de perfil, mientras se abre camino en la nieve con una pala, siempre escuchará esto:

—¡Ya no hay inviernos como los de antes!

Y esto suele venir acompañado de anécdotas del tipo “No-sotros antes teníamos que usar piolet y dos sherpas para cruzar la calle” o “Nosotros antes pasábamos años aislados por la nieve y nos teníamos que comer los unos a los otros”.

Pero así ha sido y así será por los siglos de los siglos. Solo cambiarán las expresiones y las formas. Tal vez en un futuro lejano, cuando el primer abulense llegue a Plutón con sus 235º bajo cero, plante su bandera y diga “Madre mía Teresa, que calor hace aquí”.

César Díez Serrano
A veces escribo cosas y a veces leo. Mitad de Valencia , mitad de Ávila y cuando se puede de Londres. He publicado La edad de Acuario, El Misterio de Ana Bolena y Conspiración en Londres, además de colaborar en las dos entregas de El mundo según los abulenses y Leyendas según los abulenses. Cofundé la Asociación de Novelistas “La sombra del Ciprés”. Ingeniero Informático especializado en Marketing. Valencia CF, Football Manager, MClan, Jarabe de Palo y Bunbury.
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