Cómo en Ávila dejó de salir la gente por la noche

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Calle Alemania de Ávila en la noche

La desertización de la noche abulense es hoy en día una realidad, pero ¿Cómo empezó todo? En el Gloucester Post nos hemos puesto manos a la obra para tratar de resolver uno de los mayores misterios de la ciudad ¿Qué sucedió? ¿En qué momento los jóvenes decidieron huir de la noche abulense? Todo esto y mucho más aquí, en el Gloucester Post.

Corrían los locos años noventa.  Los ecos de la Expo y las Olimpiadas aún copaban los rotativos de nuestro país, mientras que Emilio Aragón deslumbraba a todos en El gran juego de la oca ataviado con su pajarita.  Entre tanto, la pequeña y pizpireta ciudad de Ávila vivía el auge de su vida nocturna.

Dicen los viejos del lugar que por aquellos días un mono podía bajar la calle Vallespín saltando de cabeza en cabeza. Era tal la cantidad de chiquillos que se reunían allí para tomar Fantas y Coca-Colas cada fin de semana que los coches tuvieron que instalarse una pala quitanieves para poder pasar entre ellos. Aunque las bajas por amputaciones fueron incontables, los viernes se reponían con nuevos palés de jóvenes procedentes de Salamanca, Madrid y Valladolid.

El Pocillo fue un hervidero en los 90

El final de la noche

Era el viernes 19 de febrero de 1999. Miguel Ángel Rivas, un vecino del barrio, abandonó el refugio de su mesa camilla afirmando sin tapujos que “le tenían hasta los cojones” y se propuso acabar con semejante bacanal de inmediato. Con un par de llamadas y sendas voces por el patio de vecinos, convocó a las fuerzas vivas de la ciudad esa misma noche.  Tras varias meriendas-cenas provistas de tortilla y bocatas de foie gras, trazaron un plan infalible.

Dicha estrategia consistió en contratar una horda de zombis bielorrusos y alimentarlos únicamente con yogures del Gimesan durante varios meses, para posteriormente liberarlos por las calles del casco histórico en los días de jarana.  Tras varios intentos fallidos, en los que distintos miembros del grupo represor fueron devorados (A saber, tres concejales, un director de colegio y una profesora de biología) el otrora epicentro de la diversión abulense fue sepultado para siempre.  La prensa local trató sin éxito de ocultar la masacre y el miedo se extendió por todos los rincones de la ciudad, hasta que el grueso de bares de copas de Vallespín cerró.  El objetivo de Rivas estaba conseguido.

La solitaria calle Vallespín hoy

Las consecuencias del cambio en Ávila

Sin embargo, surgió otro problema: Los zombis.  Pasados varios meses habían acabado con el 70% de la población intramuros, dando lugar al desierto adoquinado que aún se mantiene.  Uno de los lugares que resistieron fue el bar El Rincón, donde sus clientes hicieron frente a los invasores.  Cuando pasó todo tampoco quisieron salir; se habían enganchado a los calamares.

La solución para acabar con el ejército de no muertos fue alejarlos del centro de la ciudad, concretamente al barrio de La encarnación.  Un error fatal, ya que aquellos seres ávidos de carne humana, encontraron en las Verbenas de la UNED una fuente perfecta de alimento.  Aún se recuerdan las crudas escenas de desesperación de los jóvenes que trataban de huir amarrados a sus copas, en un intento desesperado por conservar la vida nocturna en la ciudad.  Ese fue su final.

Los restos de Ático, uno de los que más resistió

Satisfecho, Miguel Ángel Rivas y sus aliados regresaron a la tranquilidad de sus mesas camillas.  Los muchachos y muchachas que aún conservaban sus extremidades vieron con amargura como su lugar de nacimiento comenzaba a asemejarse a Mordor de manera inexorable. Los cines cerraron, los jóvenes emigraron a otras ciudades, los comercios del centro dejaron de abrir pasada la mañana del sábado y la gente se encerró en sus casas con la caída del sol.

Descubre en este artículo la demostración científica de que en Ávila no hay nada.

El viejo sueño de rescatar a Ávila del libertinaje se había tornado en realidad ¿Pero a qué precio? Solo cuando el aumento del paro redujo la plantilla de los zombis a un único representante, la seguridad volvió a esta pequeña localidad, pero nada fue igual desde entonces.  Fuentes cercanas a esta web afirman que se trata de “El caminante” y que desde entonces recorre las calles sin descanso en busca de sus compañeros ¿Realidad? ¿Mito? Tal vez nunca llegaremos a la verdad.

Lo cierto es que el experimento de unos pocos acabó con la otrora animada vida de la ciudad, algo que tal vez nunca se vuelva a recuperar.  En la actualidad, cada 19 de febrero se conmemora en la Plaza Mayor de Salamanca tan lastimosa fecha, con una marcha en la que los participantes se funden con el animado ambiente de sus calles.  Y en el corazón de cada uno de ellos, la herida de no poder vivirlo en su localidad natal.

Edificios sellados y abandonados fruto del ataque zombi

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César Díez Serrano
A veces escribo cosas y a veces leo. Mitad de Valencia , mitad de Ávila y cuando se puede de Londres. He publicado La edad de Acuario, El Misterio de Ana Bolena y Conspiración en Londres, además de colaborar en las dos entregas de El mundo según los abulenses y Leyendas según los abulenses. Cofundé la Asociación de Novelistas “La sombra del Ciprés”. Ingeniero Informático especializado en Marketing. Valencia CF, Football Manager, MClan, Jarabe de Palo y Bunbury.
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